Aula de Palabras

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La magia de leer en aulas fantásticas
Este Blog intenta ser un espacio para compartir experiencias y reflexiones en torno a la Lengua y la Literatura y su función educativa sistemática y asistemática.
Las palabras nos muestran, dan cuenta de la configuración de nuestro mundo íntimo y público.
El lenguaje y el arte literario constituyen armas poderosas de formación educativa para la sociedad.



domingo, 13 de diciembre de 2009

Historias de otros para compartir: Cuento de Navidad


Ray Bradbury

El día siguiente sería Navidad y, mientras los tres se dirigían a la estación de naves espaciales, el padre y la madre estaban preocupados. Era el primer vuelo que el niño realizaría por el espacio, su primer viaje en cohete, y deseaban que fuera lo más agradable posible. Cuando en la aduana les obligaron a dejar el regalo porque pasaba unos pocos kilos del peso máximo permitido y el arbolito con sus hermosas velas blancas, sintieron que les quitaban algo muy importante para celebrar esa fiesta. El niño esperaba a sus padres en la terminal. Cuando estos llegaron, murmuraban algo contra los oficiales interplanetarios.

-- ¿Qué haremos?

-- Nada, ¿qué podemos hacer?

-- ¡Al niño le hacía tanta ilusión el árbol!

La sirena aulló, y los pasajeros fueron hacia el cohete de Marte. La madre y el padre fueron los últimos en entrar. El niño iba entre ellos, pálido y silencioso.

-- Ya se me ocurrirá algo --dijo el padre.

-- ¿Qué...? --preguntó el niño.

El cohete despegó y se lanzó hacia arriba al espacio oscuro. Lanzó una estela de fuego y dejó atrás la Tierra, un 24 de diciembre de 2052, para dirigirse a un lugar donde no había tiempo, donde no había meses, ni años, ni horas. Los pasajeros durmieron durante el resto del primer "día". Cerca de medianoche, hora terráquea según sus relojes neyorquinos, el niño despertó y dijo:

-- Quiero mirar por el ojo de buey.

-- Todavía no --dijo el padre--. Más tarde.

-- Quiero ver dónde estamos y a dónde vamos.

-- Espera un poco --dijo el padre.

El padre había estado despierto, volviéndose a un lado y a otro, pensando en la fiesta de Navidad, en los regalos y en el árbol con sus velas blancas que había tenido que dejar en la aduana. Al fin creyó haber encontrado una idea que, si daba resultado, haría que el viaje fuera feliz y maravilloso.

-- Hijo mío --dijo--, dentro de medía hora será Navidad.

La madre lo miró consternada; había esperado que de algún modo el niño lo olvidaría. El rostro del pequeño se iluminó; le temblaron los labios.

-- Sí, ya lo sé. ¿Tendré un regalo? ¿Tendré un árbol? Me lo prometisteis.

-- Sí, sí. todo eso y mucho más --dijo el padre.

-- Pero... --empezó a decir la madre.

-- Sí --dijo el padre--. Sí, de veras. Todo eso y más, mucho más. Perdón, un momento. Vuelvo pronto.

Los dejó solos unos veinte minutos. Cuando regresó, sonreía.

-- Ya es casi la hora.

-- ¿Puedo tener un reloj? --preguntó el niño.

Le dieron el reloj, y el niño lo sostuvo entre los dedos: un resto del tiempo arrastrado por el fuego, el silencio y el momento insensible.

-- ¡Navidad! ¡Ya es Navidad! ¿Dónde está mi regalo?

-- Ven, vamos a verlo --dijo el padre, y tomó al niño de la mano.

Salieron de la cabina, cruzaron el pasillo y subieron por una rampa. La madre los seguía.

-- No entiendo.

-- Ya lo entenderás --dijo el padre--. Hemos llegado.

Se detuvieron frente a una puerta cerrada que daba a una cabina. El padre llamó tres veces y luego dos, empleando un código. La puerta se abrió, llegó luz desde la cabina, y se oyó un murmullo de voces.

-- Entra, hijo.

-- Está oscuro.

-- No tengas miedo, te llevaré de la mano. Entra, mamá.

Entraron en el cuarto y la puerta se cerró; el cuarto realmente estaba muy oscuro. Ante ellos se abría un inmenso ojo de vidrio, el ojo de buey, una ventana de metro y medio de alto por dos de ancho, por la cual podían ver el espacio. el niño se quedó sin aliento, maravillado. Detrás, el padre y la madre contemplaron el espectáculo, y entonces, en la oscuridad del cuarto, varias personas se pusieron a cantar.

-- Feliz Navidad, hijo --dijo el padre.

Resonaron los viejos y familiares villancicos; el niño avanzó lentamente y aplastó la nariz contra el frío vidrio del ojo de buey. Y allí se quedó largo rato, simplemente mirando el espacio, la noche profunda y el resplandor, el resplandor de cien mil millones de maravillosas velas blancas.

Se extrajo el relato de:http://www.navidadlatina.com/cuentosypoesias/CuentodeNavidad.asp

Historias de otros para compartir: "La niña de los cerillos



Por Hans Christian Andersen

¡Qué frío tan atroz! Caía la nieve, y la noche se venía encima. Era el día de Nochebuena. En medio del frío y de la oscuridad, una pobre niña pasó por la calle con la cabeza y los pies desnuditos.

Tenía, en verdad, zapatos cuando salió de su casa; pero no le habían servido mucho tiempo. Eran unas zapatillas enormes que su madre ya había usado: tan grandes, que la niña las perdió al apresurarse a atravesar la calle para que no la pisasen los carruajes que iban en direcciones opuestas.

La niña caminaba, pues, con los piececitos desnudos, que estaban rojos y azules del frío; llevaba en el delantal, que era muy viejo, algunas docenas de cajas de fósforos y tenía en la mano una de ellas como muestra. Era muy mal día: ningún comprador se había presentado, y, por consiguiente, la niña no había ganado ni un céntimo. Tenía mucha hambre, mucho frío y muy mísero aspecto. ¡Pobre niña! Los copos de nieve se posaban en sus largos cabellos rubios, que le caían en preciosos bucles sobre el cuello; pero no pensaba en sus cabellos. Veía bullir las luces a través de las ventanas; el olor de los asados se percibía por todas partes. Era el día de Nochebuena, y en esta festividad pensaba la infeliz niña.

Se sentó en una plazoleta, y se acurrucó en un rincón entre dos casas. El frío se apoderaba de ella y entumecía sus miembros; pero no se atrevía a presentarse en su casa; volvía con todos los fósforos y sin una sola moneda. Su madrastra la maltrataría, y, además, en su casa hacía también mucho frío. Vivían bajo el tejado y el viento soplaba allí con furia, aunque las mayores aberturas habían sido tapadas con paja y trapos viejos. Sus manecitas estaban casi yertas de frío. ¡Ah! ¡Cuánto placer le causaría calentarse con una cerillita! ¡Si se atreviera a sacar una sola de la caja, a frotarla en la pared y a calentarse los dedos! Sacó una. ¡Rich! ¡Cómo alumbraba y cómo ardía! Despedía una llama clara y caliente como la de una velita cuando la rodeó con su mano. ¡Qué luz tan hermosa! Creía la niña que estaba sentada en una gran chimenea de hierro, adornada con bolas y cubierta con una capa de latón reluciente. ¡Ardía el fuego allí de un modo tan hermoso! ¡Calentaba tan bien!

Pero todo acaba en el mundo. La niña extendió sus piececillos para calentarlos también; más la llama se apagó: ya no le quedaba a la niña en la mano más que un pedacito de cerilla. Frotó otra, que ardió y brilló como la primera; y allí donde la luz cayó sobre la pared, se hizo tan transparente como una gasa. La niña creyó ver una habitación en que la mesa estaba cubierta por un blanco mantel resplandeciente con finas porcelanas, y sobre el cual un pavo asado y relleno de trufas exhalaba un perfume delicioso. ¡Oh sorpresa! ¡Oh felicidad! De pronto tuvo la ilusión de que el ave saltaba de su plato sobre el pavimento con el tenedor y el cuchillo clavados en la pechuga, y rodaba hasta llegar a sus piececitos. Pero la segunda cerilla se apagó, y no vio ante sí más que la pared impenetrable y fría.

Encendió un nuevo fósforo. Creyó entonces verse sentada cerca de un magnífico nacimiento: era más rico y mayor que todos los que había visto en aquellos días en el escaparate de los más ricos comercios. Mil luces ardían en los arbolillos; los pastores y zagalas parecían moverse y sonreír a la niña. Esta, embelesada, levantó entonces las dos manos, y el fósforo se apagó. Todas las luces del nacimiento se elevaron, y comprendió entonces que no eran más que estrellas. Una de ellas pasó trazando una línea de fuego en el cielo.

-Esto quiere decir que alguien ha muerto- pensó la niña; porque su abuelita, que era la única que había sido buena para ella, pero que ya no existía, le había dicho muchas veces: "Cuando cae una estrella, es que un alma sube hasta el trono de Dios".

Todavía frotó la niña otro fósforo en la pared, y creyó ver una gran luz, en medio de la cual estaba su abuela en pie y con un aspecto sublime y radiante.

-¡Abuelita!- gritó la niña-. ¡Llévame contigo! ¡Cuando se apague el fósforo, sé muy bien que ya no te veré más! ¡Desaparecerás como la chimenea de hierro, como el ave asada y como el hermoso nacimiento!

Después se atrevió a frotar el resto de la caja, porque quería conservar la ilusión de que veía a su abuelita, y los fósforos esparcieron una claridad vivísima. Nunca la abuela le había parecido tan grande ni tan hermosa. Cogió a la niña bajo el brazo, y las dos se elevaron en medio de la luz hasta un sitio tan elevado, que allí no hacía frío, ni se sentía hambre, ni tristeza: hasta el trono de Dios.

Cuando llegó el nuevo día seguía sentada la niña entre las dos casas, con las mejillas rojas y la sonrisa en los labios. ¡Muerta, muerta de frío en la Nochebuena! El sol iluminó a aquel tierno ser sentado allí con las cajas de cerillas, de las cuales una había ardido por completo.

-¡Ha querido calentarse la pobrecita!- dijo alguien.

Pero nadie pudo saber las hermosas cosas que había visto, ni en medio de qué resplandor había entrado con su anciana abuela en el reino de los cielos
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Historias de otros para compartir: "Cartas a Papá Noel


Este mes de diciembre quiero recordar la Navidad, con cuentos e historias que me conmovieron. Hoy, un cuento maravilloso de Pescetti

Hola, Papá Noel, soy Clara.
Te quiero mucho. Hoy fuimos a la playa y tomamos un helado. Tengo seis años. En patín jugué al jockey y ningún día lo había jugado con palo para que no nos lastimáramos. Ahora patino bien y el 7 de diciembre va a haber una clase para que los padres vean que no nos lastimamos, pero vos no podés venir porque sos papá pero Noel, que es distinto. Pero a lo mejor si querés vení lo mismo total en la entrada nunca se fijan. Te pido un max steel, un disfraz de doctora verde, lapiceras de color verde oscuro y claro, violeta oscuro y claro, celeste, azul oscuro, un juguete de las chicas súper poderosas, una barbie con vestido de casamiento, una estrellita, una luna, un sol, una flor, un árbol con naranjas, una nube, una piedra, un pez, un ángel, una vaca, una abeja, un abanico y un acordeón.
Te mando un beso
Clara


Querida Clara: en este momento no tengo patines ni hockey.
Lo lamento. ¿Te gustaría pedir otros regalos?
Afectuosamente.
Papá Noel


Querido Papá Noel: nada que ver. Tenés que leer bien las cartas. Lo del hockey con patines es algo que hice, mi pedido era lo otro. Y de paso quiero cambiar el disfraz de doctora verde. Que sea uno de verdad, blanco. La piedra no, porque ayer encontré una. Mejor traeme más estrellitas.
Te mando otro beso, Chau
Clara.


Querida Clara: te pido disculpas por la confusión, y te agradeceré que repitas el pedido porque las cartas que contesto se archivan en otra parte y no la tengo a mano. Espero que puedas hacerlo pronto. Se acercan las fechas en las que preparamos los regalos, ¡y estamos ansiosos por complacerte!
Afectuosamente
Papá Noel


Papá Noel: ¿qué les pasa ahí? Te había pedido un disfraz de doctora verde, el disfraz, no la doctora; pero después te dije mejor blanco y de una de verdad. Después también te pedía estrellitas y algún juguete de las chicas súper poderosas, lápices de muchos colores, pero blancos no, una vaca, abejas, un abanico, una bicicleta. No me acuerdo del todo, porque la carta se las mandé, ¡y ustedes la perdieron! ¿No la pueden buscar mejor? Me acuerdo de la Barbie para casamiento y un árbol con naranjas. ¡No pierdan ésta también! Ah, y un piano.
Bueno, chau
Clara


Querida Clara: soy la secretaria de Papá Noel. Me pide te avise que encontramos tu primera carta ¡Qué buena noticia, ¿verdad?! Ruega que lo disculpes por no responderte personalmente pero a la locura de trabajo que tenemos siempre en octubre, preparando los regalos, se sumó una descompostura en uno de los renos a raíz de una modificación en su alimentación. Cambiamos de veterinario por problemas de presupuesto pero, como siempre, lo barato sale caro y el nuevo les dio una dieta que los puso fatales. Ya regresamos con el anterior, pero este lamentable incidente nos consumió una increíble cantidad de tiempo. De todos modos, Papá Noel, me pide que te transmita la seguridad de que todos tus regalos estarán listos a tiempo. Sólo una pregunta: lo que pediste en las dos cartas no coincide exactamente, ¿cuál te complacería que atendamos?
Afectuosamente
Esther Noel


Queridos Esther, Papá Noel, el Reno o la rueda del trineo, o quien quiera que sea que lea esta carta y me la conteste: ¡Ni me acuerdo si eran diferentes las dos cartas! Traigan todo y listo, qué sé yo. O las mismas cosas que pido en las dos. Lo que más me importa es el disfraz de médica de verdad, blanco, y la Barbie de casamiento. Ah, y la estrellita, el acordeón, la planta de naranjas y libros.
Pónganse las pilas.
Clara


Querida Clara: soy la secretaria personal de Esther Noel. Ella me pide que la disculpes por no contestar personalmente tu correo. Está atendiendo a Papá Noel quien sufrió un pequeño accidente, nada grave, una caída que le produjo una leve fractura en un pie. Él mismo insistió en que te hagamos saber que está bien, que no debes asustarte, el médico le aseguró que en quince días podrá apoyar el pie de manera normal, y que todas las placas muestran que la lesión no reviste importancia. No debes preocuparte, a todos pueden ocurrirnos estos pequeños accidentes.
Afectuosamente
Silvia Noel


¿Y mis regalos? ¿Ya eligieron de las dos cartas?
Clara


Querida Clara: soy Esther, nuevamente. Estamos muy felices. ¡Nuestro querido Papá Noel ya se encuentra repuesto! Mandó decirte que tu pedido está completo y embarcado. Esperamos que seas muy feliz con esas cosas tan bellas que pediste. Has de ser una niña muy especial para haber hecho una solicitud tan hermosa. Te ruego que sepas disculpar los inconvenientes que ya superamos.
Un afectuoso abrazo
Esther Noel


Querido Papá Noel, y tu secretaria y la secretaria de tu secretaria y el reno con diarrea: les escribo esta carta después de abrir los regalos. Muchas gracias por el elefante de porcelana blanco, es muy práctico, y sobre todo tan bonito. Los videos de carreras de coches son sumamente interesantes. ¡Con el álbum de figuritas del fútbol español aprendí cosas importantes! Qué bueno que conseguiste el disfraz verde de doctora que te había pedido en mi primera carta y que después cambié de opinión. Y ese cenicero con forma de ajedrez, también muy lindo. El Power Ranger rojo es muy parecido a la Barbie de casamiento. Los borceguíes de alta montaña, aprovechando que eran número 43, se los regalé a mi tío Alberto.
Con profundas emociones
Clara

Luis María Pescetti
Publicado en http://www.luispescetti.com/

domingo, 4 de octubre de 2009

Reflexiones Teóricas: La Épica Fantástica en las aulas



Cornelia Funke

El Jinete del Dragón

Corazón de tinta



Cornelia Funke es una autora e ilustradora alemana que nació el 10 de diciembre de 1958 en Westfalia, Alemania.Se formó como educadora y como ilustradora en la Escuela de Diseño de Hamburgo, y pasó varios años como trabajadora social y diseñadora de juegos de mesa. Se inició en el mundo editorial gracias a su labor como ilustradora y como guionista del canal alemán ZDF (en el programa Siebenstein), pero pronto dejó los pinceles para empezar a escribir cuentos y novelas. En el año 2000 publicó El señor de los ladrones, una obra juvenil que triunfó a nivel internacional y que sirvió como precedente al éxito que llegaría a obtener con su conocida saga del Mundo de tinta. La primera novela de esta saga, Corazón de tinta, fue adaptada al cine en el 2005. La serie del Mundo de tinta ha obtenido diversos premios, entre ellos el premio Booksense estadounidense a mejor novela infantil en el 2006.
Terminada la saga de Harry Potter, tanto Funke como Stephenie Meyer (Alfaguara) se has considerado las grandes sucesoras de J. K. Rowling y como en el caso de la autora de Harry, sus historias convencen a muchos críticos y académicos que las leen a escondidas entre bambalinas.
Al primer libro de la trilogía ya le sucedió lo mejor que puede pasarles a todos los grandes libros de fantasía, fue comparado con el maestro Ende, lo que siempre es un piropo que uno, por muy original que pretenda ser, no debe despreciar. Ese caramelo de la suerte hizo que muchos se fijasen en ella. El que los personajes de fantasía se vuelvan traviesos y aparezcan ante nuestros mismísimos ojos, mientras los leemos, no es un recurso nuevo y de ahí la comparación. Pero todo buen maestro, debe engrandecerse tras ese encomio y eso fue lo que le sucedió a ella. Esa comparación le proporcionó las alas mágicas para seguir propulsando su imaginación.
Tras ese primer libro siguieron otros: Sangre de tinta y el reciente Muerte de tinta, todos ellos tuvieron una acogida multitudinaria en las librerías y se han convertido una vez más en un fenómeno mediático.


El jinete del dragón.


La tierra de los dragones en Escocia ha sido amenazada por los humanos. Lung, un joven dragón, tendrá que buscar ayuda antes de volar hacia el Himalaya, donde según las leyendas se escondieron los últimos dragones. Acompañado de una duende, Piel de Azufre, y de un joven sin familia, Ben, pronto les surgirá el primer peligro: Ortiga Abrasadora, un malvado dragón obra de un alquimista medieval, tendrá como misión perseguirlos hasta exterminarlos... Pero muchas otras aventuras y encuentros se sucederán: un especialista en seres fabulosos los ayudará a vencer muchos peligros, también cabalgarán a lomos de una serpiente marina, tendrán un encuentro con los elfos del polvo y conocerán a Subaida Ghalib, que los ayudará en su propósito proporcionándoles información y el agua de luna... hasta ser acogidos en Tibet en un monasterio budista, donde conocerán las viejas profecías que hablan del regreso del jinete del dragón..
Esta novela permite el diálogo con los maravillosos Bestiarios medievales, como así también reconstruir la figura de un héroe-niño que tendrá una misión que cumplir, y una serie de personajes ayudantes y otros oponentes intervendrán en tal empresa.
Lung, el dragón plateado, se enfrenta a un personaje antitético “el dorado”, creado por un Alquimista, nuevamente la Edad Media recorre una novela extensa, que resulta de una lectura ágil.
La obra ha permitido trabajar con la elaboración de Bestiarios por parte de un grupo de adolescentes de tercer año de la Escuela Secundaria Básica, también se han elaborado títeres, retratos icónicos- verbales, todo para contribuir con el Placer Lector.




La fotografía corresponde a algunos de los Bestiarios realizados por mis alumnos de tercer año de la Escuela Secundaria Básica (chicos de 14 y 15 años, durante este 2009)

domingo, 27 de septiembre de 2009

Mis palabras: "Hoy el día me recuerda a Borges"


Una se enamora de repente, cuando comienza a entender la magia de lo otro, de "El Libro de Arena" y del "Laberinto", de lo otro que soy, que somos. En "La casa de Asterión" a veces entro y vos, querido Borges, no me dejás salir, me pierdo en "Mis ruinas circulares" , en " tus Ruinas circulares" cuando entiendo que jamás voy a poder ver tanto como vos viste desde tu ceguera.
Hoy parece que con esta lluvia de septiembre se vuelve a fundar Buenos Aires. ¡Ay la Buenos Aires eterna de tu arrabal y de tu Palermo!.
Hoy soy yo la Amenazada por el amor, por el amor a tus palabras, maravillosas, únicas, eternas. ¿Qué importa que no te hayan dado el famoso premio, si tus lectores te amaremos más allá de todos los tiempos?
A mi alma y a mi cuerpo llegan algunos versos:

"Es el amor. Tendré que ocultarme o que huir.Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz.La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única.¿De qué me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras,la vaga erudición, el aprendizaje de las palabras que usó el áspero Norte para cantar sus mares y sus espadas,la serena amistad, las galerías de la biblioteca, las cosas comunes,los hábitos, el joven amor de mi madre, la sombra militar de mis muertos, la noche intemporal, el sabor del sueño?Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo..." El amenazado.

Y también las palabras que dejaron en tu tumba, allá, en Ginebra...

Muchos de estos mensajes son realmente conmovedores, transcribo algunos a continuación.

" Borges, vine a visitarte con todos mis muertos a cuestas. Porque como tú dijiste, no sólo somos uno, sino también el otro, los otros...Te saludo, maestro. Miguel Aillón".

"Señor Borges: lo busqué, me costó, pero lo volví a encontrar. Lo volvería a hacer.
Mario Olivera".

[En inglés]
"Querido Borges: tu sabiduría hace al mundo mucho más interesante. Gracias de un amigo. Mi esposa y yo vinimos de China a visitarte. Yang".

[En alemán]
"Hola Borges, hoy he pensado en ti, mientras te leía en mi alemán. Muchos saludos. En unos días vuelvo a Ginebra con mejor conocimiento de alemán".

"Ché: sólo una cosa tengo que reclamarte, el que hayas pugnado por nuestra desaparición como cultura, como pueblos originarios indígenas. Más aún, siendo indígena zapoteco, ante tu tumba derramo lágrimas en tu memoria. Estamos en paz".

"Lejos un trino, el ruiseñor no sabe que te consuela. El mundo será Tlon. Gracias maestro. Cristina".

"Aquí estamos entonces, en tu Ginebra, en castellano. Aquí estamos sobre La Pampa, en argentino, en carne viva. Nuestra desmesura y tu quietud".

"La patria es ahora todas las palabras, todos los árboles que me dieron su sombra, todos los libros que he leído para mi bien...cuánta razón tenía, maestro. Luciana".


Alguna vez, te visitaré Querido Borges, llegaré a Ginebra y recitaré algunos fragmentos de tus poemas, y recordaré pasajes de tus cuentos, daré media vuelta y sólo diré regreso al Sur.



1)Los testimonios de los mensajes de la tumba fueron extraídos de http://www.internetaleph.com/Borges/es/noticia/pagerel832/Querido_Borges.htm

lunes, 21 de septiembre de 2009

Mis Palabras: "Renacer en Primavera"



Hoy el día amaneció oliendo a flores, a fresias, a rosas, a jazmines de noviembre, hoy los poetas se reunieron en el cielo y escribieron nuevos poemas.

Hoy los viejitos salieron a danzar, hoy parece que la gente está más feliz.

Hay días extraños en los que los hombres se inventan excusas para ser felices. Son excusas primaverales, excusas brillantes, soleadas, excusas para abrazar, para amar. ¿ Por qué los hombres necesitaremos excusas para sentirnos plenos, para irradiar felicidad?

domingo, 13 de septiembre de 2009

Mis Palabras: "Manifiesto Amoroso"

de Sandra Lambert

Todo producto del amor nos enaltece, nos hace crecer. Amar por el "Arte de Amar ", tan sólo por eso. Amar lo absoluto y lo concreto, amar a mi abuela sol, a mi abuela brújula que siempre supo decirme cómo encontrar mi Norte.


Amar a mis padres, amar la dulzura con la que me amamantó mamá y las utopías que me vendió papá.


Amar al desamor porque me enseñó que en la partida de los otros puedo regresar a mí, encontrarme y abrazarme en la desnudez de mi soledad.


Amar a mi hermana en los celos, en los sueños, en el refugio de saber que somos dos.


Amarte a vos, a quien no necesito nombrar porque los ojos se me encienden cuando te veo, cuando me depertás de mis pesadillas y me abrazás con fortaleza pero despacito, despacito:


" shh, shh, dormite amor, dormite, estás soñando, estás soñando".


Amar a los que siento míos en una absoluta pertenencia del sentir.


Amar a los amigos en los encuentros y en los desencuentros, en el irse y en el quedarse, en el dar, en el darme, en el darnos, en el recluirnos.


Amar a mis alumnos, a los tímidos, a los charlatanes, a los pensativos, a los iracundos. Amarlos y enamorarme una y otra vez de la profesión de ser Profesora de Palabras. Amarlos en el enojo y en la carcajada.


Amar a mis escritores, a mis pintores, amar a un Cronopio, al creador del Aleph, a los románticos, a Andersen a Perrault. Amar a Gaudí, a Chagall.


Amar porque en el acto de amar me sé viva, me toco, me palpo, me siento respirar.



Nota: La Pintura es una de las más bellas obras de Chagall a mi criterio.